es un fenómeno óptico por el cual la retina conserva durante cierto tiempo la impresión de las imágenes, y por esta razón se perciben con natural continuidad las películas cinematográficas, sin advertir las transiciones de una imagen a otra. 

Si no existiese veríamos pasar la realidad como una rápida sucesión de imágenes independientes y estáticas, pero las imágenes se superponen en la retina y el cerebro las enlaza como una sola imagen visual móvil y continua.

Esta característica es la que aprovecha el cine para crear la ilusión del movimiento, mostrando una sucesión de 24 fotografías por segundo. Esa velocidad de proyección es suficiente para provocar la ilusión de que el movimiento es fluido como si fueses visto de forma natural. En realidad es una ilusión óptica porque nuestra retina nos engaña.